La mayoría de nosotros hacemos cosas que no nos gustan y que queremos cambiar: hábitos, adicciones o formas de ser. Quizá en algún momento te has dicho a ti mismo estas palabras o algo parecido:

“Ojalá comiera menos dulces”

“Debería ir al gimnasio tres veces a la semana”

“Tengo que atreverme a decir lo que pienso”

El año pasado quería cambiar algo: me propuse irme a la cama a las 11 de la noche como muy tarde porque quería levantarme temprano y aprovechar las horas de la mañana para meditar y escribir. Te imaginas lo que ocurría, ¿no? En vez de irme a dormir me acurrucaba con Netflix en el sofá viendo otro capítulo de mi serie favorita.

Ya ves, esto me pasa a mí y a muchas otras personas. Es tan habitual que, en estas situaciones, tenemos una manera común de tratarnos a nosotros mismos.

Así es como nos tratamos y por qué no suele funcionar

La manera en que nos hablamos a nosotros mismos cuando queremos hacer algo y no lo hacemos suele ser ésta:

“Ya te vale, ¡otra vez has vuelto a hacer lo mismo! No puedes seguir así, eres un desastre. Tienes que cambiar. Mañana mismo vas a irte a dormir a las 11 / dejar de comer dulces / ir al gimnasio.

Por desgracia, aunque puntualmente esta voz de sargento nos sirve para levantarnos y ponernos firmes, hablarnos así no suele funcionar a largo plazo y, a veces, ni siquiera a corto plazo.

¿Sabes por qué?

Porque la crítica no ayuda a construir algo nuevo.

La crítica te conecta con la vergüenza y la idea de que eres incapaz. Te hace tener menos confianza en ti mismo, menos poder y menos energía (eso que sentimos como un fuego o una chispa).

Creemos que la crítica nos da más fuerza de voluntad y motivación, pero en el fondo las reduce.

Nos decimos palabras duras pensando que nos estamos inspirando con la fuerza de un soldado disciplinado, pero en realidad estamos abriendo grietas en nuestra confianza, dejando que estas palabras se cuelen dentro de nosotros como si fueran un humo negro y tóxico.

No vamos a lograr hacer algo diferente mientras nos hablemos de este modo.

Qué es la paradoja del cambio y cómo te puede ayudar

La paradoja del cambio es esta:

Solo cuando dejamos de oponernos a algo podemos transformarlo.

La clave para dejar de oponernos a algo está en incluir ese hábito o ese aspecto nuestro como parte de nuestra realidad, de lo que ha pasado o hemos hecho.

Y fíjate, no estoy diciendo que tengamos que aceptar esos aspectos, sino tan sólo incluirlos como parte de nuestra experiencia. Igual que cuando llueve y te mojas: puedes enfadarte porque no has cogido un paraguas o asumir que, de momento, hasta que llegues a casa y te seques, vas a estar un poco mojado.

Incluir esas partes que no te gustan no significa que ya no desees cambiar o mejorar. Significa que vas a hablarte a ti mismo de otro modo. En vez de hacerlo con culpa y autocrítica te motivas como lo haría un buen coach o un buen amigo: con ánimo, amabilidad y apoyo.

¿Cómo prefieres tratarte? Compara estos diálogos internos

Observa estos diálogos internos y elige cuál te motiva más o te hace sentir más capaz:

  • Cuando has faltado al gimnasio o a tu entrenamiento:

“Tampoco has ido hoy. Nunca vas a estar en forma. No tienes fuerza de voluntad”

o

“Hoy no has ido pero no es el fin del mundo. Vamos a priorizar el gimnasio mañana. Hoy haremos unas flexiones en casa.”

  • Cuando no te atreves a dar tu opinión en público:

“No estás diciendo nada, deberías decir lo que opinas de verdad. Si no lo haces, esta gente va a pensar que estás de acuerdo o peor, que no tienes personalidad.”

o

“Bueno, de momento me permito no hablar porque no tengo claro cómo hacerlo. Otras veces sí lo he hecho, voy a recordar cómo. A veces no pasa nada por permanecer callado.”

  • Cuando estás intentando dejar de fumar (o comer menos dulces):

“Ya está, lo has vuelto a hacer: te has pasado de lo que habíamos acordado. No tienes control sobre ti mismo. Nunca vas a poder dejar de fumar (o nunca vas a adelgazar).”

o

“Sí, te has fumado tres de más (comido un paquete entero de galletas). ¿Qué te ha pasado? ¿Estás nerviosa o ansiosa? Vamos a ver por qué. De todas formas no pasa nada, mañana lo reducimos a la mitad y listo. Lo vas a lograr, ya lo verás.

Llevará un tiempo acostumbrarte a hablarte así. Se necesita práctica, ¡como todo! Pero merece la pena porque, con amabilidad, cariño y respeto, el cambio es mucho más firme y duradero.

En resumen

1. Incluye lo que has hecho como parte de tu experiencia. Asume el hecho, no el fracaso.

2. Ten en cuenta que querer hacer algo y no lograrlo es parte de la experiencia humana. Todos queremos mejorar y eso implica caerse algunas veces.

3. Pregúntate con amabilidad y curiosidad qué te ha pasado, para poder entenderte mejor y buscar soluciones.

4. Recuerda otras veces en las que sí has logrado hacer lo que te propones.

5. Piensa en qué puedes hacer para que al día siguiente te sea más fácil, aunque sea un pequeño detalle.

6. Háblate a ti mismo como lo haría un buen amigo, transmitiéndote la idea de que puedes lograr tus objetivos. Las palabras positivas te conectan con tu potencial.

Tu turno

Después de hablarte de este modo ¿No sientes que es más fácil hacer las cosas que te propones?

Me gustaría mucho saber qué piensas sobre esto o, si has logrado hacer este tipo de cambios, saber qué es lo que más te ayudó. Tienes más abajo un espacio para escribirlo, en los comentarios.

Hasta pronto!

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Cristina Enjuto
Trabajo en sesiones de psicoterapia con personas que buscan tomar una dirección a nivel personal y sentirse más seguras, tranquilas y capaces de lograr sus objetivos.
Soy terapeuta Gestalt, Master-Trainer en PNL y estoy formada en Psicoterapia Integrativa en el programa SAT de Claudio Naranjo. ¿Quieres saber cómo puedo ayudarte? Visita la pestaña "Servicios".

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