Esto es lo que dicen…

… algunas personas a quienes he acompañado por problemas de fertilidad. Mi agradecimiento va de vuelta para todas ellas. (Algunos datos han sido cambiados para proteger su privacidad).

“No fui a terapia antes porque pensaba que yo podría con todo, y además ya tenía demasiadas visitas médicas que hacer”

Laura, Trabajadora social, 40 años, Barcelona (embarazada al escribir estas líneas)

Antes de acudir a terapia llevaba dos años y medio en un proceso de reproducción asistida bastante largo, con altibajos. Durante ese tiempo pensé en empezar la terapia porque creía que me podría ayudar, pero nunca la llegué a hacer. Supongo que en el fondo había algo que me hacía pensar que yo podía con todo, o que yo lo podría controlar.

Además, al estar en un proceso de reproducción asistida y tener que ir a tantos médicos, pensar en el compromiso de ir a otra visita más me paraba un poquito. Pero cuando sufrí el aborto, me encontraba muy triste y me surgió de forma instintiva. Me di cuenta de que no sabía cómo continuar, que salir de ahí me iba a costar mucho, y se me fueron las dudas.

Realmente la terapia fue muy liviana, más de lo que me pensaba, muy fluida. Resultó justo al revés de lo que imaginé, porque me ayudó a relajarme muchísimo. E incluso me ayudó a llevar mejor todo el proceso con esos médicos.

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Estaba más tranquila con mis emociones: expresarlas y darles salida fue muy reparador

Tener un espacio para hablar, un espacio de confianza que normalmente no se da, estuvo muy bien. Me ayudó poder compartir lo que había vivido y lo que estaba viendo. Esto se lleva mejor acompañada, te ayuda a relativizar.

Lo que más me gustó de la terapia fue transitar lugares de tristeza e interiorizar. Es mejor no reprimir esas emociones, sobre todo en esta sociedad que las criminaliza un poquito. Dar espacio a todo tipo de emociones, expresarlas y darles salida fue muy reparador.

En la mayoría de las sesiones trabajamos con ejercicios que para mí eran divertidos y originales, y esto también fue muy rico.

Poder hablar del proceso de reproducción asistida de manera más natural me ha ido muy bien

En el día a día pude llevar la alegría y la tristeza a la vez, pero poco a poco hubo más alegría y podía hacer más cosas. Estaba más tranquila con mis emociones, ya no me sentía un bicho raro.

Ahora puedo hablar del proceso de reproducción asistida de manera más natural, eso también me ha ido muy bien. Tenía miedo de que alguien me preguntara sobre algún tema relacionado con la maternidad, pero después ya supe cómo gestionarlo. Creo que en nuestra sociedad estos temas no están normalizados.

Si volviera a empezar haría terapia desde un principio, porque ayuda a llevarlo mejor

Para mí ha sido importante ir a terapia, ha ido bien y ha sido positivo contar con la ayuda de Cristina. Lo recomiendo porque en procesos de reproducción asistida es beneficioso, pero sobre todo yo invitaría a la gente a que fuera antes. Creo que yo esperé demasiado tiempo, ahora que lo veo en perspectiva. Casi debería recomendarse que fuera unido al principio del tratamiento. Yo tengo la sensación de que esperé mucho, si volviera a empezar haría terapia desde un principio, porque ayuda a llevarlo mucho mejor.

“He vuelto a disfrutar de mi vida, como antes de los tratamientos de infertilidad”

Aina, 36 años, Sanitaria, Barcelona

Cuando pensé en hacer terapia lo único que me echaba un poco para atrás era algo de vergüenza, porque siempre he sido una persona un poco vergonzosa. Pero más que nada al principio, en la primera toma de contacto, luego ya no. Eso de decir “Hola, ¿qué tal?” siempre me ha costado. Luego, una vez que ya conozco a la persona, ya no tengo nada de vergüenza.

Yo quería agarrarme a algo y necesitaba que alguien me ayudase, así que al final eso no fue un obstáculo. El primer día estaba algo cortada, pero en las sesiones siguientes me encontraba muy a gusto y la vergüenza la deje de lado.

La terapia fue lo mejor que he hecho en mi vida, pude abrirme y expresar lo que tenía aquí dentro, expresarlo con palabras. Eso al final me ha ayudado muchísimo.

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Los juegos que hacíamos me gustaban mucho porque me ayudaron a expresar las emociones

Lo que más me gustó fue cómo tú, Cristina, llevaste la terapia, cómo la ibas guiando. Y también los juegos que hacíamos a veces, como aquel de poner en el suelo un camino por un lado y otro camino por otro lado, o los juegos que hacíamos con los cojines. Los ejercicios que hacíamos me gustaban mucho porque tenía emociones dentro que no sabía expresar y me ayudaste a ponerles palabras. Fue una gozada.

También salieron a la luz otras cosas que estaban muy escondidas.

Ahora estoy mucho más amigable, como antes de los tratamientos de infertilidad. Mi trabajo lo disfruto más

Hay gente en el trabajo que me ha dicho: “Has cambiado muchísimo, estás como antes”. Y yo preguntaba: “¡Ah! ¿pero se me nota?”. Y me decían: “Sí, sí, muchísimo”. Con algunas compañeras estaba quizás un poco más distante de ellas, hablaba menos y me había puesto como un escudo. Ahora hablamos más, les pregunto “¿Qué tal las vacaciones y qué tal los niños?”, como antes. Varias personas ya me han dicho que he cambiado mucho.

He vuelto a ser yo misma: he recuperado cosas que me gustaban de mi vida y de mi camino y me he dicho: “A tirar para adelante, a ser feliz y a disfrutar del día a día”.

Antes, con todos los problemas que tenía aquí, en la mochila, era como si estuviera arrastrando una bola. Ahora estoy más sonriente y más amigable, como antes de los tratamientos de infertilidad.

También disfruto mucho más en mi trabajo. Antes tenía como una losa, era siempre lo mismo, las mismas personas, el mismo rollo… Ahora entro a trabajar y es diferente. Aunque haya máquinas estropeadas o problemas en el laboratorio busco el lado bueno de las cosas, intento ayudar. Digo: “venga, vamos a arreglar esa máquina”. Esta vitalidad es lo que a mí me gustaba tener en el día a día. ‎Incluso cuando he discutido con alguien, en el trabajo, he podido dejar los problemas allí; lo que pasa en el trabajo se queda en el trabajo. Me digo: “Ahora es mi momento de estar fuera, con mi pareja, con la perra, con mis amigos”.

Me siento como si me hubiera ido de viaje a Japón

Esas son las cosas que disfruto: Dar paseos por la playa, comer con mi pareja o disfrutar de mi perra. Parecen tonterías pero para mí son cosas muy importantes, porque cuando antes estaba mal podía pasar todo el día tirada en el sofá o en la cama. En cambio ahora me siento como si me hubiera ido de viaje a Japón, o algo así.

También estoy más activa con mi pareja. Siempre hemos hablado mucho, pero ahora nos comunicamos mucho mejor. Hablamos mucho más y expresamos mejor las cosas que antes no teníamos tan claras, sobre el todo del tema de la infertilidad. Ahora lo hablamos con más fluidez, como algo más normal, porque antes lo veíamos como un tabú, como un problema.

A todo el mundo le recomiendo que, por lo menos una vez en su vida, haga terapia

Yo te recomendaría a ti porque ha sido una satisfacción muy grande el decir: “Yo estoy aquí, he cogido la vida otra vez y hay que disfrutarla”.

Creo que siempre tendremos problemas, porque en la vida hay obstáculos, pero la terapia lo que hace es darte otra perspectiva, aunque te encuentres el obstáculo. Antes yo estaba tan encerrada que solo tenía como un muro a la vista y no veía más allá. Ahora puedo ver más allá. Miro a la derecha, arriba y abajo, y puedo ver varias salidas.

Cristina, has sido una terapeuta excelente. Gracias por todo, porque me has ayudado mucho. A todo el mundo le recomiendo que, por lo menos una vez en su vida, haga terapia.

“Me dolía mucho no ser madre y tenía dudas sobre la reproducción asistida”

Teresa, 37 años, Administrativa, Zürich

Decidí contactar con Cristina para trabajar algo que me dolía mucho: el dolor que sentía al no conseguir concebir y que sí lo hicieran los demás. Sentía un dolor profundo, el ego muy herido. Contacté con Cristina porque no me parecía normal que evitara contactos con gente con niños, o incluso que fuera incapaz de alegrarme por los demás. Eso no añadía amor a mi vida sino que lo restaba, me amargaba y me sentía desvalorizada.

Cristina me ayudó en el proceso de desapegarme de este sentimiento de ego herido y a aceptar que esto era así, sin más interpretación. Entendí que cada uno interpreta la realidad como cada uno es.

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Tenía las dudas normales sobre la terapia: si me serviría de algo y si conectaría con la terapeuta

Sobre la terapia en sí no tenía muchas dudas, pero sí que me preguntaba lo normal: si me serviría de algo, si me sería útil… y si podría conectar con la persona.

Cuando empezamos las sesiones me di cuenta de que no iba a ser así. Vi que me podían ser de mucha utilidad, sobre todo para tomar mis decisiones. Y conectar con Cristina fue muy fácil. Que las sesiones fueran por Skype no supuso ningún problema, fueron muy bien. También porque yo estoy muy acostumbrada a tener una relación a través de las pantallas, por vivir fuera de España.

Supe poner un límite a las opiniones de los demás sobre mi proceso

Mi pareja y yo llevábamos 3 años buscando un bebé y no lo habíamos logrado, así que fuimos a una clínica de reproducción asistida. Mi intuición, lo que yo sabía que tenía que hacer, era intentarlo primero con un ciclo natural. Quería probar con un ciclo natural porque lo veía como un primer paso menos intrusivo para mi cuerpo, más económico y con menos gasto emocional. Pero no soy radical en esto, mi opción podría no servir para todo el mundo, claro. Además creo que cada persona debe elegir lo que sienta que es mejor para ella.

Los médicos tenían sus opiniones propias sobre el ciclo natural y mi marido tenía también un enfoque diferente al mío, porque al venir de un área médica era más partidario de hacer lo que los médicos decían. Pero yo supe poner un límite. Y no me refiero a hacerlo en plan negativo, sino en decir: “Os escucho y os entiendo, pero voy a hacer lo que yo siento que quiero hacer”. Pude seguir mi intuición y poner un límite a las opiniones de los demás. Me dije: “Voy a hacer el ciclo natural, y si no va bien ya veremos, ya veré cómo procedo llegado ese momento”.

Lo que más me gustó de las sesiones es que pude conectar con todas estas emociones.

La terapia funciona si estás dispuesto a mirar en tu interior

Sin duda recomendaría la terapia porque cuestionarse las creencias siempre es bueno. Pero pienso que si uno se decide a hacer terapia hay que estar dispuesto a cambiar algo, a mover las cosas, a cuestionarse a uno mismo y no sólo a los demás. Es un viaje personal de uno mismo, y funciona si estás dispuesto a mirar en tu interior.

“Estoy orgullosa de cómo he sostenido una conversación sobre mi no-maternidad y la adopción”

Clara

Cristina, te cuento lo que pasó ayer: nuevamente en una visita médica el médico me hace las tres obligadas preguntas: ¿Es casada? ¿Tiene hijos? ¿Por qué no adopta?.

Mi respuesta fue que no tenía hijos porque padezco una condición médica que me lo impidió; que admiraba y respetaba a las personas que decidían adoptar, pero que esa era una necesidad diferente que no sustituye o reemplaza el hecho de no poder ser madre. A lo que este médico me responde: “¡Pero usted sería tan buena madre!

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Y yo le respondí: “El amor hacia los niños lo canalizo en la dedicación de atención a mis pacientes. Mi trascendencia en esta vida, será otra”.

Finalmente dejó de tratar de venderme la idea de la adopción, admitiendo que él no adoptaría por que ya no tiene edad para hacerlo.

¡Estoy tan orgullosa de haber podido sostener esta conversación con serenidad, aceptando mis sentimientos y mi condición de no ser madre! Cristina, tus mensajes han sido de gran ayuda para haberlo logrado. He aquí una situación típica a las que nos enfrentamos las madres de nadie. Y yo salí victoriosa y motivada como si hubiera ganado una batalla.

He podido asimilar la perdida de mi bebé y reafirmarme en mis opiniones”

Ana, Asistenta Social, 40 años, Barcelona

Decidí hacer terapia porque me encontraba muy triste y lloraba mucho. Me costaba mucho acabar el día. Sabía que algo iba mal; no sabía realmente qué era pero sentía una tristeza enorme. Pensé que podría estar pasando por una depresión. Esto me hizo darme cuenta de que necesitaba ayuda porque, además, veía que no podía superarlo sola.

Lo único que me echaba un poco para atrás era que yo nunca había hecho terapia y desconocía lo que era. No me había abierto nunca a nadie que no conociese. Y a la vez sabía que quería hacer terapia, porque ya había hablado con mis amigas y había visto que no me podían ayudar.

La verdad es que una vez que empecé, esa resistencia a abrirme a un desconocido desapareció al principio de la primera sesión.

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Conecté con Cristina en confianza para hablar de las cosas que sentía. Sobre todo necesitaba hablar, sacarlo. Para mí era un desahogo. Y sabía que tenía que ser con una profesional, que me entendiera, que me supiera guiar y que me ayudará a superar el obstáculo.

Aprendí a desmontar clichés y a hacerme más fuerte respecto a las opiniones de la gente

Lo que más me gustó de la terapia era cuando recreábamos las situaciones que yo tenía en la cabeza, pero que eran reales, y mirábamos como vivirlas. Esos ejercicios en los que decías: “Imagínate que está aquí esta persona o la otra, ¿Cómo te sentirías? ¿Qué harías?”

Eso me ayudaba mucho, porque las ideas que tenía preconcebidas en la cabeza se iban. Por ejemplo la preocupación de que mi hijo sea hijo único si no lográbamos darle un hermano. Ahora entiendo que no pasa nada y que le va a ir bien. Que sea hijo único no significa que vaya a estar siempre solo o que sea un mimado; son ideas preconcebidas que tiene la gente. En el proceso de la terapia aprendí a desmontar esos clichés y a hacerme más fuerte respecto a la gente que opina así. Ser hijo único tiene cosas buenas, y malas también, pero como todo en esta vida.

He podido asimilar la perdida de mi bebé

Uno de los beneficios de la terapia es que me ayudó mucho a superar la pérdida de mi bebé. No es que haya quedado atrás, es que he sido capaz de asimilarla. Forma parte de mí, pero ya no me causa dolor o me entristece. Es algo que nos ha costado y que ahora es parte de mí, pero en el fondo ya no lloro por ello sino que siento alegría. Pude dar el giro. Ahora lo veo de otra manera. Mira que me lo dijiste, me dijiste: “Ya verás como un día ya no duele”. Ahora estoy mucho más tranquila.

La terapia me reafirmó a seguir más mi instinto y a hacer caso a mis síntomas frente a la opinión de los médicos

Otro de los beneficios de la terapia es que aprendí a saber lo que me conviene cuando los médicos me proponen algo y a expresar mi opinión si no estoy de acuerdo. Si te sientes débil, cuando vas a reproducción asistida puedes creer todo lo que te dicen o no pedir segundas opiniones. La terapia me llevó a seguir mi instinto, que es mucho más importante, porque nosotras conocemos mejor nuestro cuerpo. Me ayudó a seguir mi camino.

Creo que también hay que conectar con la clínica. Yo había perdido la fe en ellas porque mi experiencia había sido nefasta. Así que busqué una clínica más pequeña y donde la misma persona me atendiera desde el principio hasta el final. Mi experiencia ha sido mejor, pero aún así yo he seguido haciendo caso a mi cuerpo y a mis síntomas, y acertando.

Me sentí libre para abrirme con Cristina porque ella tenía experiencia y era ajena a mi clínica de reproducción asistida

Conozco a chicas que están en procesos de reproducción asistida y a muchas de ellas les ofrecen psicólogo en la propia clínica. Pero yo personalmente pienso que es mejor que este tipo de ayuda venga de fuera; creo que es más fácil guiar a los pacientes sin influencias. Pero es importante que tenga experiencia en reproducción asistida. Por eso me sentí totalmente libre para abrirme en la terapia con Cristina, porque tenía experiencia en infertilidad y era externa a la clínica.

A veces creemos que somos muy fuertes, pero nos vemos en situaciones muy al límite que son difíciles de llevar tú sola, y además pueden afectar mucho a la relación de pareja. Por eso pienso que la terapia es necesaria en nuestros casos.

“Después de tres abortos había desconectado de mi dolor para protegerme”

Berta, 39 años, Profesora Universitaria, Barcelona

Decidí ir a terapia porque estaba muy triste. Había pasado ya por tres abortos y me sentía impotente. No sabía qué hacer. No es que mi situación en sí fuera mala, porque ya tenía un hijo, pero en ese momento yo me sentía mal. Además, con cada ciclo del mes en el que no me quedaba embarazada revivía mis pérdidas.

Antes de ese momento no había pensado en hacer terapia porque me costaba darme cuenta de que lo necesitaba. Había desconectado mucho de mi dolor, seguramente para protegerme. Me venían grandes olas de ese dolor pero no sabía por qué, así que mi gran trabajo fue darme cuenta de que necesitaba hablarlo con algún profesional. Una vez lo decidí no hubo nada que me echara para atrás, pero lo que sí me importaba era que el terapeuta tuviera experiencia en el tema de infertilidad, eso sí.

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Hablar de mi dolor en compañía me ayudó a transformarlo

Lo que más me gustó de la terapia era el hecho de sentirme acompañada. Era una hora a la semana en la que yo me decía: “Bueno, este momento es para mí”. Esa sensación de estar simplemente acompañada me gustaba mucho. Creo que tenía que ver con poder hablar de mi dolor. Podíamos hablar de él y todo se detenía, hablar del duelo era lo más importante. Y al hacerlo, él mismo se transformaba en otra cosa.

También me gustó mucho usar las cartulinas de colores y algunas otras cosas que vimos, como el ponerme una mano en el pecho y conectar con mi emoción. Ahora lo hago de forma automática para apaciguarme a mí misma; es un hábito que me acompaña.

Conecto mejor con los demás y le doy a las cosas una importancia relativa

Conectar con mi dolor me ha ayudado a conectar mejor con el dolor de los demás, me he vuelto más empática. Yo he notado que he cambiado (me he vuelto más personita) pero también lo han notado los demás, y eso ha cambiado a mi entorno.

Las personas con las que me relaciono también ven que reacciono de manera diferente, como si estuviera más tranquila. O más bien que me tomo las cosas de otro modo, con más relatividad. Por ejemplo, en el día a día con los niños en casa hay cosas que no puedo cambiar de momento, así que espero, porque sé que habrá un mejor momento para hacer esos cambios. Esto tiene que ver con no luchar tanto.

Me habría venido fenomenal empezar mucho antes

Según avanzaban las sesiones, más me daba cuenta de que me habría venido fenomenal empezar mucho antes. Pensaba: “Si lo llego a saber antes…”. Por esto recomiendo al 100% hacer terapia. A veces no tomas conciencia de lo que necesitas. Yo había bloqueado mis sentimientos y no me había dado cuenta. Creo que casi todos bloqueamos cosas para sentirnos seguros, pensando que nos va a ayudar, sobre todo cuando estamos pasando por un proceso difícil. Pero necesitamos saber qué nos pasa y sentirnos acompañados.

“Las sesiones cambiaron mi forma de ver las cosas, en ese momento y para siempre”

Marta, Administrativa, 38 años, Barcelona (Marta asistió a sesiones individuales y grupales)

Quería escribirte para darte las gracias, siempre pienso que esas sesiones que hice contigo tuvieron mucho que ver con mi embarazo. Fueron poquitas pero creo que cambiaron mi forma de ver las cosas en ese momento y para siempre. Espero que las demás chicas del grupo, tengan o no tengan niños, puedan encontrar la paz y felicidad en sus vidas.

“Nadie me había explicado algunas cosas importantes para estar menos resentida con la vida”

Ester, 42 años, Barcelona

Yo estaba siguiendo una serie de tratamientos FIV cuando entré en el grupo que llevaban Cristina y Núria. Estaba desilusionada y desorientada. También había entrado en una fase de todo vale.

En este proceso nadie me había explicado algunas cosas importantes; supongo que si las hubiese sabido no me habría sentido tan resentida con la vida.

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Los pensamientos compartidos eran menos dolorosos

Escuchándolas a ellas y a las otras chicas me di cuenta de que había algo más detrás del hecho de no quedarme embarazada. Me ayudó también a saber verbalizar pensamientos y a darme cuenta de que compartidos eran menos dolorosos.

Estoy muy contenta de haber asistido, porque después de haber tenido a mis niños (son dos) me ayudó a valorar aún más el regalo que suponen.

“El peso de la infertilidad podía conmigo y el apoyo de mi pareja no me resultaba suficiente”

Lucía, 35 años, Veterinaria, Barcelona

Tras varios intentos fallidos de reproducción asistida y algunos desajustes hormonales y físicos derivados de la medicación, sentí que el peso de la infertilidad podía conmigo. No era capaz de gestionar las emociones yo sola y el apoyo de mi pareja no me resultaba suficiente. Necesitaba ayuda para afrontar la situación que se alargaba en el tiempo. Cuando fui consciente de ello, no dudé en buscar una psicoterapeuta especializada en este tema.

Al comenzar la terapia sentí una buena conexión con Cristina, mucha empatía, me sentía liberada pudiendo hablar de los miedos y las inseguridades de forma abierta con alguien que sabe lo que estás viviendo.

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He comprendido que en mi vida hay muchas cosas buenas, además de la infertilidad

Aunque toda la terapia fue positiva, la parte más significativa fue comprender que somos algo más que “la infertilidad”; somos muchas cosas buenas que siguen con nosotros y nos hacen bien.

Me ha resultado muy positivo desarrollar la capacidad de relativizar las emociones negativas, darle la importancia que merece al hecho de tener dificultades para ser madre pero no “toda la importancia”, ser consciente del lugar que ocupas en tu vida.

Me siento más tranquila y fuerte

Recomiendo sin duda este tipo de psicoterapia. Es importante sentirte acompañada, comprendida y aconsejada en un proceso tan duro como es la infertilidad. Siento que he mejorado mucho a nivel emocional, me siento más segura, tranquila y fuerte para afrontar el proceso.

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